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28-08-2009

Perante Allan Kardec

PERANTE ALLAN KARDEC

Dijo el Cristo: “Hay muchas moradas en la casa del Padre.”
Sin Allan Kardec, no percibiríamos que el Maestro relaciona los mundos que miramos en la intensidad cósmica, a valer por escuelas de experiencia, en los objetivos de ascensión espiritual.
Dijo el Cristo: “Necesario vos y nascer de nuevo.”
Sin Allan Kardec, no sabríamos que el Sublime instructor no se refiere a mudanza íntima de la criatura, en los grandes momentos de la corta existencia física, y si a ley de la reencarnación.
Dijo el Cristo: “Si tu mano te escandalizar, córtala; te será mejor entrar en la vida mutilado que, teniendo dos manos, irse para el infierno.”
Sin Allan Kardec, no concluiríamos que el Excelso Orientador se reporta a las grandes resoluciones del alma culpada, antes del renacimiento en la cuna humana, con vistas a regeneración necesaria, de forma a no tumbar en el sufrimiento más grande, en regiones inferiores al planeta terrestre.
Dijo el Cristo: “Aquél que venga a mí y no deje padre y madre, hijos y hermanos, no puede ser mi discípulo.”
Sin Allan Kardec, no reconoceríamos que el Divino Benefactor no nos solicita la deserción de los compromisos para con los entes amados y si nos invita a renunciar al placer de ser entendidos y seguidos por ellos, de inmediato, sosteniendo, aun, la obligación de comprenderlos y servirlos por nuestra vez.
Dijo el Cristo: “Perdona no siete veces, pero setenta veces siete veces.”
Sin Allan Kardec, no aprenderíamos que el Maestro no nos inclina la falsa superioridad de aquellos que anillan el reino del cielo tan solamente para sí propios, y si nos hace sentir que el perdón es deber puro y simple, a fin de no caernos indefinidamente en las grilletas del mal.
Dijo el Cristo: “Conoceréis la verdad y la verdad vos hará libres.”
Sin Allan Kardec, desconoceríamos que el raciocinio no puede ser alienado en temas de la fe y que la religión debe ser sentida y practicada, estudiada y pesquisada, para que no vengamos a convertir el Evangelio en museo de fanatismo y superstición.
Cristo revela.
Kardec descortina.
Delante, así, del Tres de Octubre que nos recuerda del natalicio del Codificador, enderecemos a él, donde esté, nuestro homenaje de reconocimiento y de amor porque todos encontramos en Allan Kardec el inolvidable paladino de nuestra liberación.


Medium Francisco Candido Xavier, por él espíritu Emmanuel.




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