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05/06/2007

EN ESPÍRITU

“Pero, si por el espíritu mortificares las obras de la carne, vivirás”.
- Paulo. (romanos, 8-13)
Quien vive, segundo las leyes sublimes del espíritu, respira en esfera distinta del mismo campo material en el cual todavía posa los pies.
Avanzada comprensión le apunta la posición íntima.
Se vale del día, como aprendiz aplicado que estima, en la permanencia sobre la Tierra, valioso tiempo de aprendizaje que no se debe subestimar.
Encuentra, en el trabajo, la dádiva bendecida de elevación y mejoramiento.
En la ignorancia ajena, descubre preciosas posibilidades de servicio.
En las dificultades y aflicciones de la carretera, recoge recursos a la propia iluminación y agrandamiento.
Ve pasar obstáculos como ve correr nubes.
Ama la responsabilidad, pero no se prende a la pose.
Maneja con dedicación, sin embargo, huye al dominio.
Ampara sin inclinaciones mórbidas.
Sirve sin esclavizarse.
Permanece atento para con las obligaciones de la sementera, sin embargo no se inquieta por la cosecha, porque sabe que el campo y la planta, el Sol y la lluvia, el agua y el viento, pertenecen al Eterno Donador.
Beneficiario de los bienes divinos, donde quiera que se encuentre lleva consigo mismo, en la conciencia y en el corazón, los propios tesoros.
Bien aventurado el hombre que sigue vida afora, en espíritu! Para él, la muerte aflictiva no es más que alborada de nuevo día, sublime transformación y alegre despertar!
Emmanuel





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