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22/06/2007

FALIBILIDAD

Ante las devastaciones del mal, apoya el trabajo que objetive el retorno del bien.
Hasta que el espíritu se integre al Infinito Amor y en la Sabiduría Suprema, en círculos de manifestación que, por ahora, nos escapan al raciocinio, la falibilidad es comprensible, en el campo de cada uno, tanto cuanto el error es natural en el aprendiz en experiencia en la escuela.
La educación no forma autómatas.
La Orden Universal no crea fantoches.

Donde haya desastres, auxilia la restauración.
Moviliza las fuerzas de que dispones, sanando los desequilibrios, en vez de consumir acción y verbo, actitud y tiempo, gravando a veneno la mancha de la censura.
Anotaste lances calamitosos en los delitos que el tribunal terrestre no es capaz de prever o desgravar.
Viste hombres y mujeres, cercados de aprecio público, aniquilaren existencias preciosas, derramando la sangre de corazones queridos en forma de lágrimas, sorprendiste ciudadanos abastados y aparentemente felices, que humillaron los propios padres, reduciéndolos a la extrema pobreza, al precio de documentos espurios; marcaste personas azucaradas y sonrientes que llevaron otras al suicidio y a la criminalidad, sin que nadie las detuviera; identificaste los que abuzaron del poder y del oro, irguiendo tronos sociales para si mismos, al costo del lloro que hicieron correr, muchas veces con el aplauso de los mejores amigos, y conociste carrascos de ojos dulces y palabras correctas que escamotearon la felicidad de los semejantes, abriendo las portas del hospicio o del cárcel para muchos de aquellos que les confiaron los tesoros de la convivencia, sin que el mundo los molestara.
A pesar de esto, no necesita enlamarles el nombre o incendiarles la senda. Todos ellos volverán al cuadro oscuro de las faltas cometidas, a través de continuadas encarnaciones, en dificultades amargas, en los reductos de la prueba, con el fin de lavaren la conciencia.

Si la maldad contagia esta o aquella situación, hace el mejor que puedas para que la bondad venga a surgir.
Sigue entre los hombres, bendiciendo y ayudando, enseñando y sirviendo…
Todas las víctimas de las pruebas serán traídas a la luz y todos los caídos serán levantados, aún que, para esto, la esponja del sufrimiento haya que ser manejada por los brazos de la vida, en milenios de lucha. Esto porque las Leyes Divinas son de justicia y misericordia, y la Providencia Inefable jamás decreta el abandono del pecador.
Emmanuel





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