:: Casa de Pai Jacó ::



19/03/2008

MANOS EN SERVICIO

“y Jesús, extendiendo las manos, lo tocó, diciendo: “quiero, sea limpio...”
MATEUS, 8:3.

Manos extendidas!...
Cuando estuvieres meditando y orando, recuerda que todas las grandes ideas se derramaron, a través de los brazos, para concretizaren las buenas obras.
Ciudades que honran la civilización, industrias que sustentan el pueblo, casa que alberga la familia, gleba que produce, son garantizadas por el esfuerzo de las manos.
Médicos despenden largo tiempo en estudio para la conquista del título que les confiere el derecho de orientar el enfermo; sin embargo, viven extendiendo las manos a los enfermos.
Educadores sumergen varios niveles en corriente de las letras, adquiriendo la ciencia de manejarlas; sin embargo, gastan largo tramo de la existencia, extendiendo las manos en el trabajo de la escrita.
Cada reencarnación de nuestro espíritu exige brazos abiertos del regazo maternal que nos acoge.
Toda comida, para surgir, pide brazos en movimiento.
Cultivemos la reflexión, para que se nos aclare el ideal, sin dejar el trabajo que nos realiza.
Jesús, a pesar de poder representarse por millones de mensajeros, escogió venir él mismo hasta nosotros, poniendo manos en el servicio, de preferencia en dirección a los menos felices.
Pensemos en él, el Señor. Y toda vez que nos sentirnos cansados, suspirando por reposo indebido, no nos olvidemos de que las manos del Cristo, después de socorrernos e levantarnos, lejos de encontraren apoyo para un reposo, fueron clavadas en el leño del sacrificio, del cual, a pesar de escarnecidas y machucadas, aún se despidieron de nosotros, entre la palabra del perdón y la serenidad de la bendición.

EMMANUEL






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