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19/03/2008

NOSOTROS Y EL MUNDO

Muchos religiosos afirman que el mundo es un pozo de tentaciones y culpas, buscando el desierto para esconder la pureza; sin embargo, mismo ahí, en el silencioso retiro en que se entregan a perezoso ocio del alma, por más humildes se hagan, comen los frutos y visten la estameña que el mundo les ofrece.
Muchos escritores alegan que el mundo es un vasto arsenal de incomprensión y discordia, vicios y delincuencia, como quien se ve delante de un serpentario; sin embargo, es en el mundo que recogen el precioso material en que graban las propias ideas y encuentran los lectores que les compran los libros.
Muchos predicadores claman que el mundo es valle de malicia y perversidad, cual si las criaturas humanas vivieran inmersas en piscina de lodo; sin embargo, es en el mundo que adquieren los conocimientos con que ornan el propio verbo y encuentran los oyentes que les registran respetuosamente la palabra.
Muchas personas dicen que el mundo es antro de perdición en que las tinieblas del mal señorean la vida; sin embargo, es en el mundo que recibieran el regazo materno, para tomaren el arado de la experiencia, y es en el mundo que nutren confortablemente más altos planos evolutivos.
Pero el mundo, obra-prima de la Creación, indiferente a las acusaciones gratuitas que le son disparadas, prosigue florando y renovando, guiando el progreso y sustentando las esperanzas de la Humanidad.
Huir de trabajar y sufrir en el mundo, a título de resguardar la virtud, es abrazar el egoísmo mascarado de santidad.
El alumno diplomado en curso superior no puede criticar la característica bisoña de las mentes infantiles, reunidas en las líneas primarias de la escuela.
Los buenos son realmente buenos, se amparan a los menos buenos.
Los sabios merecen la verdadera sabiduría, se buscan disipar la niebla de la ignorancia.
El espiritista, en la esencia, es el cristiano llamado a entender y auxiliar.
Donemos, pues, al mundo aún que sea el mínimo del máximo que recibimos de Él, comprendiendo y sirviendo a los otros, sin atribuir al mundo los errores y desajustes que están en nosotros.

EMMANUEL






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